Community (citado por el Centro de
Recursos itUser, 2020), indica que
esta crisis sanitaria ha permitido a los
más escépticos comprobar como el
teletrabajo funciona y ha venido para
quedarse; ya no es necesario pasar
horas improductivas en la oficina si se
pueden cumplir con los objetivos
trabajando desde casa.
Reflexionar sobre esto, precisa
de manera indefectible que todo
cambio viene después de grandes
episodios drásticos. El planeta, la
humanidad, cada cierto tiempo
necesitan convertirse en aves fénix
para resurgir de las cenizas. En estos
últimos meses, la sociedad ha logrado
lo que en años se había soñado; la
consolidación de un modelo más
humano, con nuevas creencias
culturales sobre la persona en el
trabajo. Se han confrontado dos
modelos antagónicos, dos visiones
opuestas respecto al valor de la
confianza y del sentido de
responsabilidad individual,
apareciendo de nuevo el liderazgo
como esa habilidad creadora o
destructora y la libertad de dar lo mejor
o peor de nuestra naturaleza humana.
Ante estos nuevos escenarios,
los trabajadores, bajo esta nueva
modalidad laboral son los llamados a
colaborar; los mismos, son
poseedores de una nueva visión de los
procesos laborales, hacedores de
nuevas estrategias y, sobre todo, de la
concepción de un mundo sin las
barreras del tiempo y el espacio como
un parámetro para lograr los objetivos
buscados. La nueva forma de trabajo,
la flexibilidad, la creación, la
generación y la existencia, rebasó
todo lo que añoraba el casi extinto
modelo de trabajo tradicional; ahora es
inteligente, y está aprendiendo a
evadir los viejos límites.
Para Camacho (2020), a todo
este proceso de innovación,
colaboración, flexibilidad,
comunicación; se le denomina Cultura
Organizacional del Smart Working, y
señala que no solo está en el
colaborador y la empresa, sino
también debe tomarse en
consideración el dinamismo de la
estructura tecnológica, la eficiencia y
coordinación de la base operativa y
administrativa, pero en especial la
visión abierta de todos en conjunto,