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INTRODUCCIÓN
En la actualidad, la sociedad
transita profundas transformaciones
en diversos ámbitos, tales como el
plano económico, político, social,
educativo, cultural, tecnológico,
ambiental, condiciones que inciden en
el entorno empresarial y, por lo tanto,
a las organizaciones. Sin duda, el
proceso de globalización y la
revolución tecnológica desarrollada a
finales del siglo XX, han planteado a la
sociedad el desafío de adaptarse de
manera gradual a las innovaciones
que demandan los nuevos escenarios.
Ante esta situación, las
organizaciones están obligadas a
replantearse, repensar procesos con
el propósito de encontrar perspectivas
diferentes a fin de sobrevivir y mejorar
su desempeño, demostrando su
capacidad de resiliencia, asegurando
de esta manera su continuidad gracias
a las posibilidades de gestionar el
cambio, innovar, así como desarrollar
competencias institucionales,
elementos que manifiestan su
destreza estratégica cuando se
enfrenta a retos (Auletta, et ál., 2013).
Sumado a ello, la preocupación
por el desarrollo económico y sus
consecuencias en la sociedad, han
llevado a colocar el foco de atención
en temas como el cambio climático,
desarrollo sostenible, sostenibilidad y
responsabilidad social. Sin duda, el
creciente desarrollo del hombre en las
últimas décadas ha generado una
enorme presión sobre el ambiente,
producto de la necesidad creciente de
satisfacer las demandas de vivienda,
servicios, alimentación, entre otros.
Cabe destacar que en el marco
de este nuevo panorama las
organizaciones necesitan nuevos
modelos de gestión con un enfoque
diferente de hacer negocios, asociado
al concepto de sostenibilidad,
impulsando la inclusión social, una
mejor utilización de los recursos
naturales y la disminución de los
impactos negativos sobre el ambiente,
imponiendo un cambio de paradigma
empresarial. Al respecto, Elkington
(citado por Barcellos, 2010), señala
que el desarrollo sostenible en la
empresa promueve la generación de
beneficios económicos, sociales y