individuos con errores y debilidades;
capaces de aceptar las sugerencias
de compañeros, jefes inmediatos e
inclusive de los adolescentes.
Se recupera así, una mirada más
humanizante de los procesos
educativos, superando todo acto
mecánico, autómata, para dar paso a
todo acto reflexivo y consciente. Por
tanto, la praxis es la puerta abierta a
toda manifestación de la cultura del
docente, que evoluciona y se
transforma desde su tradición hasta
los nuevos lenguajes contemporáneos
que la permean, hecho que se
evidencia en el Nivel de Educación
Media General, al trascender hacia
una formación multidisciplinaria e
integral del nuevo ciudadano.
Situación que corresponde con lo
expuesto por Sallenave (1997), el
docente debe ser “A la vez estratega,
organizador y líder, cuyas habilidades
técnicas, humanas y conceptuales lo
hacen un profesional integral
conocedor de métodos, teorías y
procedimientos tanto de distintas
áreas del conocimiento como de las
relaciones humanas”. (p. 23), por ello
aplica cierta flexibilidad y autonomía
profesional para enseñar con amor,
tolerancia y respeto, implicando que
su acción debe impregnar el aula con
valores, dándole un sentido formativo
que coadyuve en la calidad educativa.
VALORES: AMOR, TOLERANCIA Y
RESPETO
Los valores humanos son
producto de la capacidad intelectual
del ser humano, como resultado
distintivo de su propia experiencia, la
de sus ancestros y la aprendida en el
contexto escolar, respecto al bien y al
mal; no son dones especiales con los
que se nace sino cualidades que se
deben desarrollar y potenciar, hasta
convertirlas en virtudes personales por
medio de una práctica cotidiana.
AMOR
La importancia que tiene el
Amor para la educación de nuestros
educandos es mucho más que
transmitir conocimientos. Aguilera
(2018), señala que “Podría resumir
que Educar es Amar” (p. s/n). Por
consiguiente, el objetivo de todo
docente tiene que ser ayudar a
nuestros alumnos e hijos a que
descubran el Amor por las cosas y los