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un interés por lo concreto, por dominar
la naturaleza, lo que promovió un
enfoque tecnológico del conocimiento.
En el siglo XVII, Descartes,
padre del racionalismo que es la
contraparte del empirismo, con su
frase “pienso, luego existo”, consolida
el principio de un método y del ser
humano pensante. Newton,
considerado por algunos el prototipo
del científico universal, afianzó la
posición cuantitativa y la amplio a una
dinámica que propugna la actividad de
la naturaleza, en función del hombre.
El Siglo de las Luces,
caracterizado por ideas de una
sociedad diferente basada en la
igualdad, libertad y fraternidad, legó la
perspectiva de democracia,
educación, solidaridad y respeto, entre
otras. A finales de ese siglo, la
Revolución Francesa, produjo un
sismo en todos los órdenes de la
sociedad, político, económico, cultural
etc.
Fruto del devenir histórico, en el
siglo XIX, irrumpe el positivismo, de la
mano de Auguste Comte y Stuart Mill,
que avanzó sobre todo lo existente
para explicarlo, controlarlo y
condensarlo en un objeto. Desde ese
momento, ha dominado el mundo
científico, ha sido el origen del
desarrollo tecnológico desde
mediados del siglo XX, a los inicios del
siglo XXI. Las reacciones al dominio
universal de la ciencia por el
positivismo no se hicieron esperar.
A finales del siglo XIX, surge la
hermenéutica, con Drosey, el primero
en diferenciar entre explicar y
comprender. Dilthey, proponente de la
noción según la cual, toda
investigación debe basarse en la
historia, considerado estudioso de la
hermenéutica. Weber, quien persistió
en la comprensión para lograr superar
las limitaciones de las ciencias
naturales, entre otros. En esta época,
se acuño la palabra Verstehen, una
noción metodológica en las ciencias
humanas. Windelband, por otro lado,
define la ideografía, en la cual califican
ciencias como la economía, la historia
y el derecho, caracterizadas por el
estudio de acontecimientos variables
en el tiempo.
El círculo de Viena nace en la
segunda década del siglo XX, con una