En consecuencia, a juicio
propio, se requiere repensar la
evolución del constructo desde su
acepción como recurso humano,
capital humano hacia talento
humano tripartita. Esta concepción
integral provee el piso
epistemológico a la gerencia, en
considerar a las personas ya no
como simples recursos, o partes de
máquinas; sino como seres
humanos con dignidades,
capacidades e inteligencias
diversas, buscando siempre su
bienestar individual y social, al
compás de una mejor calidad de
vida.
El contraste, entre la realidad
empírica organizacional, los aportes
reflexivos de los sujetos gerenciales
y los diversos autores citados (Alles,
2005; Chiavenato, 2009; Poveda,
2018), hace correr el velo de muchas
ambigüedades en las Teorías
Organizacionales, en cuanto a la
gestión de personas se refiere. Es
necesario, por tanto, reinterpretar
cada una de las teorías, sobre las
necesidades del trabajador, a la luz
de la verdadera naturaleza tripartita
del ser humano, tal cual lo
argumenta la Teoría Tripartita del
Hombre, de Watchman (1928);
donde se desarrolla el elemento
espiritual sobre el almático y el
corporal.
Así pues, las concepciones
mecanicistas, reduccionistas y
mecanicistas, como Recurso o
Capital Humano, han sido
reconfiguradas hacia la construcción
de Talentos, los cuales son propios
de cada individuo, otorgados por el
Creador, para ser desarrollados
conforme a su propósito de vida. En
ese proceso de entrenamiento, los
talentos adicionan mayor valor al
emprendimiento colectivo,
competitividad, productividad,
calidad de vida, así como el logro del
éxito organizacional.
La idea filosófica naciente del
ser humano como talento, gira en
torno a que los sujetos gerenciales
lideren a y con las personas, al
administrar los recursos financieros y
tecnológicos. Esto último, significa
practicar una gestión que involucra a
todos los miembros, sin importar su
puesto de trabajo, o nivel jerárquico
organizacional. Por ende, la gestión
del talento humano, según este
discurso reflexivo, parte de