Todos los aprendizajes se
graban en redes neuronales, las
cuales se genera para dar respuesta a
la presencia de cualquier estímulo.
Estos entramados neuronales
conocidos como redes hebbianas, dan
cuenta de algo que queda grabado en
nuestro cerebro; y que en el futuro
influirá en la forma de cualquier
decisión que debamos tomar. Este es
el secreto del aprendizaje, en el que
toda nueva información o experiencia,
reestructura y resignifica las memorias
anteriores.
Procesos como la meditación,
nos permite resignificar las
experiencias vividas, y si a eso se le
suma prácticas de potencialización de
la percepción, nos permitirá
interactuar de manera más activa con
los estímulos, pues de esta manera
alimentaremos mejor a nuestro
cerebro y mejoraremos nuestras
respuestas. En palabras de Davidson
(citado por Saez, 2012), la atención es
la clave para aprender y la meditación
te ayuda a regularla. Meditar nos da
el tiempo para ver y analizar, porque
actuamos de determinada manera,
nos permite examinar nuestro interior,
reportando grandes beneficios al
momento de tomar nuestras
decisiones. El meditar, según el
mismo autor, fomenta la
autoconciencia, la empatía, la
memoria, la capacidad de aprendizaje
y la creatividad.
Si los estímulos generan las
conexiones neuronales, y estos a su
vez conforman los aprendizajes, es
importante comenzar a aprender
como percibir los mismos, tal y como
un invidente agudiza sus otros
sentidos, en esa misma manera
debemos agudizar nuestra percepción
del medio que nos rodea. Técnicas
como la atención plena o Mindfulness,
según Parra (2011), consiste en ser
plenamente consciente de los
estímulos internos y externos que
surgen en el momento presente, con
aceptación, con ecuanimidad, sin
juicios, expectativas o creencia
alguna, con serenidad, bondad y
autocompasión, abiertos, de este
modo, a la experiencia del aquí y el
ahora. Para aprender a percibir hay
que desarrollar la percepción sentido a
sentido, con el objeto de fortalecer las
estructuras neuronales, que nos lleven