y metal, pero además requieren
trabajo emocional de distinta
intensidad que ocurre cuando “un
empleado expresa emociones
adecuadas para la organización
durante el trato con personas”
(p.106). Robbins (2004). Agrega el
autor “El conocimiento de las
emociones ha ganado importancia
en el campo de las organizaciones
por la creciente importancia del
trabajo emocional como componente
esencial del buen desempeño
laboral” (p.106).
La esencia de la teoría de la
inteligencia emocional radica en que
las emociones forman parte de la
naturaleza humana, es imposible
desligar los componentes
emocionales en la conducta de los
individuos, reconocer que además
de las competencias intelectuales,
del conocimiento el ser humano
posee habilidades humanas,
competencias emocionales, permite
comprender, pronosticar y evaluar el
proceder y por ende el desempeño
personal y laboral. De este modo,
“no se puede divorciar las emociones
del trabajo, porque no se puede
divorciar las emociones de las
personas” (Robbins, 2004. p.114).
Refiere el mencionado autor,
“lo que hace que un individuo se
desempeñe excepcionalmente es la
posesión de los cinco componentes
de la Inteligencia emocional:
conciencia personal, administración
personal, motivación y habilidades
sociales” (p.345). Igualmente, los
estudios de la IE han probado que la
IE guarda una relación positiva con
el desempeño laboral en todos los
niveles, pero especialmente en los
`puestos que requieren mucho trato
social.
En este aspecto, las
universidades que logren alinear sus
procesos al incluir la inteligencia
emocional serán aquellas que
entiendan que se trata tanto de
administrar y coordinar personas,
volviendo la mirada hacia las
motivaciones que dirigieron el campo
de la Inteligencia Emocional
propuesto por Goleman, fue el
percatarse durante años que la
escasa regulación emocional influye
en el comportamiento de las
personas, traducida en muestras de
inseguridad, desesperación,
insensatez, aumento de los casos
de depresión, agresividad, reflejados
en la vida familiar y laboral lo que