del colectivo institucional, escolares,
padres, representantes, fuerzas vivas
de la comunidad, dado que el objetivo
es que el escolar aprenda, y esto
requiere tanto del apoyo como de la
motivación adecuada de todos.
Sobre este tema, Barriga &
Hernández (2008) sostienen que, el
educando no aprende en solitario, sino
que la actividad auto-estructurante, se
encuentra mediada por la influencia
que los otros ejercen, por lo tanto, el
aprendizaje se convierte en una
actividad los saberes de una cultura se
reconstruyen. Dentro del aula, la
posibilidad de nutrir el conocimiento,
ampliar la visión y desarrollarse como
personas, está determinada por la
comunicación constante, el
establecimiento de relaciones
interpersonales tanto con los docentes
o figuras de autoridad, como con sus
pares.
Esa promoción de saberes en el
proceso educativo, de acuerdo a
Freire (1997) debe encaminarse a
desarrollar la capacidad de la toma
decisiones, deliberación, refutación o
comunicación del pensamiento,
partiendo de las estructuras acordes a
sus intereses y aspiraciones, que lo
conduzcan a ser más como un
individuo gnoseológico, en el cual el
sujeto despierta su potencial,
orientándose hacia un determinado
camino de la realidad, para echar por
tierra la opresión o deshumanización,
con un lenguaje de protesta,
resistencia y argumentación, dentro
del marco del respeto, apegándose a
las normas sociales.
Por ende, este es el reto que
deben asumir los docentes en el
proceso de formación de los
ciudadanos del futuro, con capacidad
de enfrentar al mundo, aportar ideas,
mostrar una actitud proactiva,
propiciar actividades en las cuales
analicen, interpreten, sinteticen,
resuman y concluyan con
determinación propia. Educación
Popular es sinónimo de educar en la
solidaridad; implica despertar en el
educando, el amor, comprensión,
justicia, dejando de lado el egoísmo, la
competencia malsana,
preocupándose también por el otro,
ponerse en sus zapatos, esto supone
un ganar – ganar, al no perjudicar a los
demás ni a sí mismos, puesto que su