
AÑO 2022 Nº 3 SCIENTIARUM
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el logro del rendimiento escolar,
siendo la IE de gran utilidad para el
docente de manera que reflexione
sobre su práctica pedagógica dentro
del sistema educativo formal, lo que
sin duda también beneficiará a los
estudiantes que necesitan aplicar sus
conocimientos a las nuevas
situaciones de aprendizajes.
De igual manera, destaca el
trabajo realizado por López y
Gutiérrez (2019), denominado
“Inteligencia Emocional y
Rendimiento Académico”. Concluyen
que ambas son correlativas una
influye en la otra de manera directa,
es decir los estudiantes cuyos
manejos de percepción, asimilación,
comprensión y regulación, en el
propio manejo de emociones, les
permite tener un aprovechamiento
mayor en cuanto al rendimiento
académico y se ve reflejado en sus
propias calificaciones. En este
sentido, la Inteligencia Emocional se
basa en las características de
personalidad, en las capacidades
sociales y emocionales más
fundamentales para el éxito en la vida
personal y profesional del sujeto.
Inteligencia Emocional
En tal sentido, Goleman (1999),
define la inteligencia emocional como
“La capacidad de reconocer nuestros
propios sentimientos y los ajenos, de
motivarnos y de manejar bien las
emociones, en nosotros mismos y en
nuestras relaciones”, (p.385). Por su
parte, Weisinger, (2001), acota que la
inteligencia emocional constituye “El
uso inteligente de las emociones: de
forma intencional, hacen que las
emociones trabajen para los
hombres, utilizándolas con el fin de
que ayuden a guiar nuestros
comportamientos y a pesar de la
manera que mejoren nuestros
resultados” (p. 17).
En base a las concepciones
generales acerca de la Inteligencia
Emocional; en los últimos años se le
ha dado a los factores emocionales la
importancia debida en el tiempo y
espacio, incluyéndolos en el óptimo
desempeño de las actividades
profesionales, donde las personas
como individuos, como gerentes y
como líderes, con las diferencias que
cada uno de ellos tiene en muchos
aspectos y áreas como seres