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AÑO 2022 Nº 3 SCIENTIARUM
capacidad de ser ciertas o falsas y que
aquellas que no tienen un valor
significativo, son las que provienen de
las emociones, a las cuales él llama
“expresiones del sentimiento”.
Nuevamente la teoría de Ayer indica la
necesidad de manejar las emociones
para que el individuo pueda no sólo
emitir juicios de valor moral, sino que
éstos prevalezcan sobre todo interés
personal.
Por lo tanto, no es posible que
las expresiones emotivas puedan
ofrecer ningún valor de verdad frente a
una situación o hecho. De ahí que sea
viable evidenciar que Ayer, se adhiere
a la convicción de que los juicios
morales sólo pueden provenir de la
emotividad, de los sentimientos que
pueda un hecho o situación causar en
los individuos. Por lo que presenta los
siguientes argumentos:
El primer argumento, sostiene
que, las afirmaciones de valor no son
científicas, sino emotivas. Las
aserciones científicas son aquellas
que se pueden comprobar por medio
de los hechos, a éstas se les puede
dar un criterio valorativo de verdad o
de falsedad y en tal criterio coincidirán
todos aquellos que presencien el
hecho y conozcan la afirmación, y
cualquier afirmación de este tipo que
se haga, extenderá las características
factuales de la situación, pues
mencionará rasgos y elementos de tal
situación. Ayer (Obt. Cit) también
afirma que un juicio moral al ser
proveniente de las emociones, no le
proporciona ningún concepto al hecho
al cual se refiere, es decir, no está
aumentándole ni disminuyéndole nada
a la situación real. Tal juicio no deja de
ser una afirmación de sentimiento, la
cual ha sido causada en una persona
por determinada situación o evento.
Ahora bien, partiendo del hecho
que las personas no pueden
desvincularse de sus emociones y
sentimientos, se estaría en un grave
problema al no tener establecida línea
de límite entre los derechos, los
deberes, lo correcto o incorrecto.
Entonces, toca promover enseñanzas
que orienten las conductas con base
en una convivencia social, es decir
enseñar a concientizarse que existen
normas, que, aunque tengan
excepciones deben ser observadas
como un patrón moral de conducta.